lunes, 17 de julio de 2017

Amor verdadero que se da también en personas que no vienen a misa ni frecuentan la Iglesia. El Reino de Dios desborda los límites de la Iglesia, es mucho mayor que el círculo de la Iglesia.

La parábola del sembrador puede iluminar la situación que como Iglesia vivimos hoy aquí. Porque la parábola del sembrador es una invitación que nos hace Jesús a la esperanza. Puede iluminarnos el tiempo que como iglesia vivimos hoy aquí, porque la siembra del Evangelio, muchas veces inútil por diversas contrariedades y oposiciones, Jesús, nos dice que tiene una fuerza incontenible.
A pesar de todos los obstáculos y dificultades y aun con resultados en apariencias muy diversas la siembra del Evangelio termina en cosecha abundante que hace olvidar otros fracasos y es superior a todo lo que podemos esperar.
Los creyentes no hemos de perder la alegría ni la esperanza a causa del aparente fracaso del Reino de Dios.
 Siempre nos parece que la “causa de Dios “está en decadencia y que el Evangelio es algo insignificante y algo sin futuro. Y sin embargo, no es así.
El Evangelio no es una moral ni una política, ni siquiera una religión con mayor o menor porvenir. El Evangelio es gracia de Dios, es la fuerza salvadora de Dios “Sembrada “por Jesús en el corazón del mundo y en la vida de los hombres.
Pero ,¿Qué es lo que nos ocurre?.Nos ocurre que empujados por el sensacionalismo de los  medios de comunicación, parece que solo tenemos ojos para ver el mal, lo negativo, lo desastroso. Y ya no sabemos adivinar esta fuerza de vida que se halla oculta bajo las apariencias más apagadas o descorazonadoras.
Si pudiéramos observar el interior de las vidas bajo la luz de esta parábola de hoy, nos asombraríamos ante tanta bondad, entrega, sacrificio, generosidad y amor verdadero que se da también en personas que no vienen a misa ni frecuentan la Iglesia. El Reino de Dios desborda los límites de la Iglesia, es mucho mayor que el círculo de la Iglesia.
Hay violencia e intolerancia entre nosotros, si. Pero está creciendo en muchos hombres y mujeres el anhelo de una verdadera paz de armoniosa convivencia justa. Se impone el consumismo egoísta en nuestra sociedad. si pero cada vez son más los que descubren el gozo de la vida sencilla y del compartir.
Es cierto que la diferencia parece haber apagado la religión, si pero son muchos los corazones donde se despierta la nostalgia de Dios y las necesidad de la plegaria y de la solidaridad con los hermanos.
Y es que nos lo dice claramente Jesús hoy. La energía trasformadora del Evangelio está ahí trabajando a la humanidad.
La sed de justicia y de amor seguirá creciendo .la siembra de Jesús no terminará en fracaso. Esa es nuestra esperanza. ¿Y que es los que se nos pide a nosotros?
Lo que se nos pide es acoger la semilla. Dar la vuelta a nuestra vida como si fuera una dura y difícil tierra que es preciso remover para que reciba y haga fructificar la siembra de Dios.
En nosotros mismos, ¿no descubrimos esa fuerza que no proviene de nosotros y que nos invita a crecer ,a ser más humanos ,a transfigurar nuestra vida ,a edificar  una relaciones nuevas entre las personas ,a vivir con mas transparencia ,a abrirnos con más verdad a Dios.
¿No es eso lo que a veces descubres en tu vida, en nuestras vidas?.

Es la fuerza salvadora de Dios que va fructificando, preparémonos, abrámonos y cultivemos la siembra de Dios. Paz y bien.

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